Para construir tenemos que terminar con la visión antagonista de la realidad

Hoy quiero expresar algo que no puedo poner en mi muro de Facebook porque sería una clara invitación a que no lo lea nadie por su extensión. Y quizá aquí tampoco sea visto, pero al menos en este espacio me garantizo de que el artículo quede para otro momento, en el tiempo, y que de vez en cuando alguna que otra persona que visite mi blog y tenga ganas sí lo lea.

La verdad es que me cuesta entender el punto de vista de algunas personas. Quienes me conocen personalmente saben muy bien que si hay algo que me caracteriza es la tolerancia y el respeto por la opinión de los demás. Puedo tener posturas radicalmente opuestas a mi entorno (y la gran mayoría de las veces es así) pero nunca abandono el plano de los argumentos para pasar al plano de la agresión personal.
Estoy cansado de hablar con un peronista y que me mire de reojo por poner reparos en varios aspectos del gobierno, y al mismo tiempo ser tildado de "k comprado por un chori y un plasma" por  los anti k. ¿Es que acaso cuesta tanto mirar la realidad desde los ojos en lugar de hacerlo desde el ombligo? La única manera de progresar es mejorar lo bueno y revertir lo malo. Y eso se aplica tanto en el plano personal como en el colectivo. No puede ser que vivamos en una sociedad antagónicamente fundamentalista.

Este gobierno nacional está enfrentado con un grupo monopolico y gran poder financiero que creció gracias a su complicidad tiempo atrás. Hoy lo presiona con una ley cuando hace unos años firmó un decreto para justamente omitir una ley. Pero esto no convierte a la ley de medios en mala. Muy por el contrario, es una ley objetivamente intachable y que se utiliza de modelo en otras partes del mundo.

Este gobierno reformó la corte suprema. Hoy tiene jueces amigos que desencajonan ciertas causas para frenar embestidas de determinados actores a discreción, y está mal. Pero la reforma era necesaria y tenemos una corte que revolucionó a la justicia y la puso en acción en varios campos como, por ejemplo, los juicios de la verdad que le permitieron, hasta el momento, recuperar la identidad a 107 hijos de desaparecidos. Y eso no es "revolver el pasado" como algunos dicen despectivamente. Eso es hacer justicia en el presente, porque todavía quedan mas de 400 nietos que aún viven en una mentira sin saber que se criaron con apropiadores.

En otro punto, nadie me puede obligar a mi a creer en una religión determinada. Yo soy católico practicante, pero vivo en una sociedad libre de culto y mi iglesia me rige en la fe pero no en la ley. Y si hay una ley que va en contra de mi fe, primero acepto o cuestiono la ley desde lo jurídico, únicamente, y luego reviso si lo que dicta la institución a la cual rige mi fe tiene coherencia, porque en nombre de Dios se mató a gente que decía que la tierra era redonda y que la tierra giraba alrededor del sol. Entonces, aborto y matrimonio igualitario son temas de sociedad civil y laica, y yo no puedo obligar a nadie a regirse por mi fe.

Asi, acá rápidamente podemos hablar de distintas medidas con las que claramente yo estoy a favor. Y eso no me tapa las prácticas que me disgustan y no apoyo de este gobierno. Esto no significa defender lo indefendible ni oponerme para no hacerle el caldo a los gordos.

Como ciudadano me siento muy perjudicado con los actos de corrupción. En lo personal trabajé en varios anteproyectos para los cuales tuve que hacer videos, planos, renders y detalles técnicos en los que invertí una incuantificable cantidad de horas para que al final de cada uno me terminaran diciendo que el proyecto se lo daban a otro (cuando en varios casos yo no había respondido a un pedido sino que me había acercado con una idea mía para implementar). Y esas prácticas de amiguismo, donde uno para ser proveedor del Estado debe contar con ciertos contactos, así como me perjudican a mí en lo particular, tranquilamente se podría extrapolar a lo colectivo. Pero eso no quita lo positivo de que existan canales de televisión como Tecnópolis TV, exposiciones como Tecnópolis o el programa Conectar Igualdad. Por más de que en su implementación haya habido cuestiones que objetar.

Entonces, si vemos que esto podría ser un Shing Shang, ¿cómo puede ser que las personas pierdan la tolerancia, se olviden del respeto, e inclusive de la amistad que tienen con la persona de enfrente, y caigan en una agresión constante? Algunos muros de las redes sociales ya no se pueden leer. No importa qué dice el comentario inicial, ya que si es de política y tiene más de seis comentarios indudablemente es porque se generó una pelea. Y no me refiero a un intercambio de opiniones sino a una clara pelea, donde alguno le terminó diciendo a otro que es un idiota, un descerebrado, un ignorante, un nazi o lo que fuera.

A mí me encantan las discusiones políticas, me gusta intercambiar ideas y sobre todo conocer los puntos de vista de la gente que no piensa como yo, porque con sus testimonios siento que enriquezco mi postura, ya sea para reafirmarla o para revisarla. Pero lamentablemente hace tiempo que dejé de disfrutar de estos intercambios porque lejos de producir debate solo me encontré con agresiones y generalmente discursos claramente armados y repetidos donde no importa lo que yo argumente para un lado o para el otro, enfrente me encuentro con chicanas que no apuntan a mi argumento sino a descalificar mi postura.
Con esto llego a la conclusión de que está empezando a ganar un terreno importantísimo el discurso de la no-política. Así como en los 90, el mayor logro del menemismo fue desincentivar a las masas despolitizando los reclamos y banalizando la política, hoy estamos frente a un escenario que desde un sector se está intentando orientar a la misma dirección. Porque si la discusión política no se puede dar, indefectiblemente los actores políticos van a pasar a un segundo plano. Si con mis amigos no puedo hablar de política porque terminamos con agresiones personales que erosionan los lazos de amistad, la reacción lógica es empezar a callar nuestros ideales para no quedar marginados en nuestros grupos de contención. Eso, extrapolado a todos los ámbitos de la vida (callarnos en el trabajo, callarnos en la facultad, callarnos en las reuniones de amigos, callarnos cuando hablamos con nuestros vecinos), de a poco nos va a llevar nuevamente al lugar de la no-política. Y ahí claramente los que nuevamente se van a hacer fuerte son los que están interesados en que no hagamos política para poder volver a decidir ellos por nosotros, como lo hicieron en los 90. Y ahí sí vamos a haber vuelto a perder como sociedad, más allá de la ideología política que tenga cada uno de nosotros.